Nos enseñaron que liderar es hablar fuerte, tener la respuesta, levantar la voz. Pero en el camino del liderazgo consciente he aprendido lo contrario: el líder más poderoso no es el que más habla, es el que mejor calla para escuchar y entender.
Callar no es quedarse sin voz. Es elegir a dónde pones tu voz.
Vivimos rodeados de ruido. Todos quieren opinar, responder rápido, tener la razón. Y en ese ruido, se nos olvida lo más humano: el otro frente a mí sólo quiere ser visto, escuchado.
Escuchar es un acto de liderazgo consciente y se entrena desde adentro, desde los 6 pilares de Lidérate tu Primero:
- Autoconocimiento: Cuando la otra persona habla, que escucho en mí? ¿Prisa, juicio, ganas de arreglar? Si no me conozco, interrumpo. Si me conozco, respiro.
- Autogestión: No reaccionar, responder. La regla de los 3 segundos: cuando el otro termina, cuento 1,2,3 en silencio antes de responder. Allí aparece lo más importante.
- Relaciones Humanas: Nadie lidera solo. Escuchar con los ojos -dejar el celular, mirar, decir “lo que me quieres decir es que estás sentido, dolido … .entendí bien? Eso no es técnica, es dignidad.
- Amor Propio y Valores: Si valoro el respeto, escucho sin burlarme. Escuchar es ser coherente con lo que digo que valoro.
- Trascendencia: Una escucha puede salvar un día. Trascender no es dar un gran discurso. Es que alguien se vaya de estar contigo, un poco más liviano. Eso es impactar vidas desde el ejemplo.
Y cuando callo para entender estoy viviendo mis 6 pilares sin decirlo.
Humanidad: porque veo a la persona y no al problema.
Dignidad: porque le devuelvo su valor.
Conciencia: porque estoy presente.
Propósito: porque escucho para servir, no por chisme.
Coherencia: porque vivo lo que predico.
Trascendencia: porque lo que hoy escucho, mañana se convierte en una acción que ayuda.
Como hago cada mañana con mis plantas cuando las bendigo. Lo que es escuchado con amor, florece. Así mismo es con las personas.
Liderar no es tener siempre la última palabra. A veces, liderar es tener el coraje de ofrecer el primer silencio.
El pasado Viernes, 9 de Octubre del 2026 en mi país, la República de Panamá, sufrimos un terremoto de grandes magnitudes: 7,5 grados. Las provincias más afectadas fueron las del interior del país, justo las más olvidadas. Y el ruido era mucho: noticias, réplicas, miedo.
La semana que le siguió al terremoto, en la Asociación donde apoyo como Secretaria, se discutía en la Junta Directiva, utilizar dos mil dólares para juntarnos y celebrar una de las conmemoraciones más importantes para nosotros como grupo. Uno de los miembros tuvo que callar el ruido de lo cómodo para escuchar el ruido de lo importante. Expresó: “no podemos pensar en paseos cuando hay muchos panameños durmiendo en el suelo”.
No fue fácil decir eso, pero callar para entender también es tener el valor de hablar cuando hay que hablar.
De ese silencio incómodo nació algo digno: dos mil dólares que se convirtieron en colchones forrados para los viejitos del Asilo de Ancianos de Chitré, que estaban durmiendo hacinados en una sala de baile porque parte de su ancianato se vino abajo.
Ya van más de 746 réplicas tras el terremoto en Panamá, torrenciales lluvias en ese sector, los bomberos aún están evaluando los daños en el Ancianato, pero al menos ellos hoy duermen un poco más seguros, más tranquilos y más dignos.
Igual nos pasó con La Asociación Internacional de Clubes de Leones. El Jueves, 8 de Octubre habíamos estado dando una capacitación en Pacora a estudiantes graduandos de VI grado que habían decidido desertar del Sistema Educativo. O sea, 70 jóvenes sin educación secundaria. Debimos regresar el Viernes, 9 de Octubre para conversar con los Padres de Familia de esos muchachos, pero como no hubo quórum, no fuimos.
Enfocados en el tema de los jóvenes no nos percatamos hasta el día Domingo 11 del alcance/impacto que había tenido el terremoto en las Provincias Centrales. Ese mismo día llamamos al Ex-Gobernador Roberto Cho, para que se reuniera con el actual Gobernador e impartiera instrucciones precisas a los Presidentes de los diferentes Clubes de Leones que hay en cada comunidad de nuestro país, para que abrieran las puertas de sus oficinas a nivel nacional y ayudaran a recoger insumos para nuestros panameños afectados por el terremoto. La respuesta fue inmediata, no había pasado una hora cuando ya nos llegaban las imágenes de los Leones “sirviendo” a nuestro país. La red se movió.
Lo más grande no es lo que cada panameño ha estado haciendo. Es lo que recibimos. Personas, que a pesar de haberlo perdido todo, te reciben con una sonrisa en el rostro y te dicen: “lo importante es que en mi familia, todos estamos vivos”.
Allí entendí otra vez que callar para entender es ver a Dios en cada uno de ellos. Y eso también es liderar.





